Los otomanos llegaron a
Anatolia como parte de la marejada de pueblos turcos desalojados por las invasiones mongolas del siglo XIII. Su primer gobernante conocido es
Orján, quien es hijo de
Otmán, de quien deriva el nombre del Imperio. Los otomanos se instalaron en
Brusa, y conquistaron la ciudad bizantina de
Nicea en
1326. Posteriormente, iniciaron una serie de campañas militares que pusieron la totalidad de los Balcanes bajo su control, en particular después de la derrota de los caballeros cruzados en la
Batalla de Nicópolis de
1396. La derrota de los otomanos en la
Batalla de Angora (en la que
Tamerlán capturó a
Bayaceto el Rayo) retrasó un tiempo su ascensión, que fue retomada a mediados del siglo XV.
Mahomet II el Conquistador conquistó
Constantinopla en
1453 y destruyó finalmente el
Imperio Bizantino, llevando las fronteras otomanas hasta Europa Central.
De esta manera, el Imperio Otomano alcanzó su máxima extensión geográfica, que duraría hasta
1683.
Interiormente, los otomanos organizaron su imperio no según el principio territorial, sino por el principio poblacional. De esta manera, el Imperio fue repartido entre musulmanes, cristianos ortodoxos, judíos, zoroastrianos, etcétera, cada uno de los cuales conformaba un
millet con su propia autoridad a cargo. La nobleza otomana estaba por encima de los
raiyeh (literalmente, el 'rebaño'), pero no tuvo cargos en el gobierno sino hasta que su presión obligó a Solimán el Magnífico a admitirlos, a mediados del siglo XVI. La administración otomana estaba en manos de una
Casa de Esclavos, que era reclutada entre los no musulmanes, y educada desde la infancia para ocupar cargos directivos. Incluso hasta el visir del sultán era un simple esclavo, que de un momento a otro podía ser desposeído de su vida y bienes.
La decadencia otomana principió después de la muerte de Solimán el Magnífico, en
1566. Una serie de gobernantes ineptos hicieron florecer las intrigas de palacio, hasta que la acción combinada del sultán
Murad IV (o Amurates IV) y de la
Casa de Koprulu motivó una intensa reforma administrativa.
Sin embargo, el Imperio Otomano sufrió un serio revés cuando comprometió todos sus recursos en un nuevo asalto a Viena, que fracasó en
1683 gracias a la heroica resistencia de los polacos.
De 1725 a 1729 conquistó
Luristán y
Azerbaiyán Meridional.
En 1736 conquistan
Bahrein a Omán.
En 1783 pierden Bahrein.
A partir de entonces, los otomanos descubrieron que su poderío militar (basado en la disciplina de la infantería de
jenízaros y la caballería de
sipahis) estaba naufragando, y resolvieron abrirse a la diplomacia occidental. De esta manera, los comerciantes cristianos de Constantinopla (los
fanariotas) se abrieron paso en la administración otomana. Este proceso duró todo el siglo XVIII, pero motivó el surgimiento de la
Gran Idea de reemplazar el Imperio Otomano por un Imperio Griego. Los griegos se alzaron en armas a comienzos del siglo XIX y obtuvieron su independencia en
1823, pero jamás llegaron a concretar la Gran Idea. Los otomanos se volvieron más fanáticamente musulmanes que nunca, y se enredaron irremisiblemente en el juego político de las potencias coloniales de Occidente, al tiempo que sobrevivía a las sublevaciones que sus propios jóvenes oficiales (los "Nuevos Otomanos"), educados en el arte de la guerra occidental, promovían en nombre de esos mismos valores occidentales que habían recibido. El "hombre enfermo de Europa", como se calificó al Imperio, sobrevivió aún tres cuartos de siglo más, gracias al apoyo de
Inglaterra (que necesitaba a los otomanos para contrarrestar las ambiciones de
Rusia de alcanzar el
Mar Mediterráneo). Esto no impidió que los otomanos perdieran virtualmente la administración de Egipto, al tiempo que los pueblos cristianos de los Balcanes (
Serbia,
Croacia,
Bulgaria y
Rumania) se fueran independizando uno detrás de otro.
Finalmente, durante la
Primera Guerra Mundial, el Imperio Otomano se alió con la
Triple Alianza conformada por
Alemania,
Italia y
Austria. Después de la derrota de los Imperios centrales, el Imperio Otomano (gravemente socavado por el despertar árabe apoyado por los ingleses de
Lawrence de Arabia) se desplomó en la anarquía. El primer Presidente de
Turquía,
Kemal Atatürk, simplemente abolió el Sultanato, y renunció a la idea imperial, por lo que la historia del Imperio Otomano alcanzó su fin en
1923 con el nacimiento de la nueva
Turquía.